Nietzche hablaba del "eterno retorno" para explicar aquellas situaciones que se sucedían una y otra vez a lo largo de la historia y, en definitiva, ayudaban a construir un arquetipo de la esencia humana. No fueron los filósofos los únicos interesados en estas cuestiones. Muchos escritores intentaron trazar los bocetos del alma humana, algunos alcanzaron cierta universalidad en sus producciones y aún hoy pueden ser abordados sin bostezar por desvelados curiosos y pensadores de entre casa, como quien suscribe.
Hablando de pensamientos de entre casa, últimamente estoy manejando el concepto del tiempo de las estaciones, una suerte de tiempo cósmico no equiparable al tiempo cronológico ni kairótico, como podrían entenderlo los griegos, sino más bien, cercano al tiempo aiónico -para el cual no hay, siquiera, una posibilidad de verbalización-.
El tiempo, para los antiguos griegos, estaba identificado con tres deidades: Chronos, Kairos y Aión. Chronos regía la irreversibilidad del tiempo, una suerte de elemento tiránico al que es imposible vencer y que todo lo devora con el devenir de los instantes; Kairos, en cambio, estaba representado por un joven de cabellos largos por delante y calvo por detrás, es el tiempo de las oportunidades que se presentan esporádicamente; Aión es, a la vez, niño y anciano, un dios generoso y satisfecho, y que rige el transcurrir por el mero placer de pasar por una etapa. Tal vez, mi tiempo de las estaciones, tenga mucho que ver con ciertos aspectos del tiempo aiónico.
El tiempo de las estaciones es, al menos preliminarmente (hasta que logre darle una forma más acabada), el tiempo de las esperas. Una suerte de azar premeditado incuantificable en tiempo cronológico, en el cual la ansiedad juega un papel catastrófico cuando se dispara. El tiempo de las estaciones es, en un sentido oracular, el transcurso que se sucede desde que uno desea algo hasta que ese algo sucede verdaderamente. Este tiempo, nada tiene que ver con las acciones que uno emprenda para lograr algo, sino con la confianza y la espera. El destino, axioma inexorable en estas circunstancias, se tomará todo su tiempo para hacer que el alma humana atraviese lo que tiene prefijado, y, de ser necesario, volverá a ponerte una vez más en el lugar de dónde has partido si lo cree conveniente.
Querida Jime: La verdad es que de las tres concepciones, la última requiere de una sabiduría muy especial para aceptarla y gozar cada minuto de la existencia presente con lo dulce y amargo que trae,disfrutando el camino y no la llegada... Besos Muni
ResponderEliminarEs cierto, Muni. Uno va aprendiendo a desacelerar el tiempo cronológico y a no esperar siempre la oportunidad del tiempo kairótico... Así, aceptando y disfrutando a pesar de... se aprende más. Gracias y Besos!
Eliminar....yo tan solo miraba, esa especie que nace en los segundos, uno sin nombre y entre bruma apellidado, y te vi, sucediéndote, pasando...es tiempo de tomarla, y te leí de tajo...suena a poema, Jimena, como tu nombre...Abrazo..
ResponderEliminarMuchas gracias, José Ignacio. Es verdad, suena a poema. Un abrazo...
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