Cuando el Coronel Tom Parker intenta convencer a un Elvis Presley devaluado y deprimido, de volver a los escenarios dentro de un traje de luces en Las Vegas, alude a una frase que es, tal vez, en magnitud, equiparable a la famosa "Alea iacta est" proferida por Julio César: "Elvis, el mundo está lleno de idiotas... ¡engañemos a los idiotas!". ¡Elvis, querido... El Coronel Parker sabía lo que decía!
Unas noches atrás, deambulaba en facebook cuando me sorprendió una ventana de diálogo con un "hola" bien escrito de un "amigo" que no tenía registrado en mi acervo facebookero -aunque ya confesé que agrego personas indiscriminadamente porque después de los dos mil amigos, ya no puedo seguir ningún criterio de amistad. El chico se hacía llamar por un apodo que, viendo sus fotos de perfil, le cabía bien, ya que parecía dedicarse al canto folklórico. De todas maneras, un apodo que lleva una letra eñe en medio, es siempre sospechoso.
Entablamos una conversación en la que, tras unas dos o tres líneas dedicadas al nunca bien ponderado tema del clima (que ayuda a romper cualquier tipo de hielo), me comentó que estaba en "su" campo, en San Bautista. Hasta ese momento, nada me pareció anormal... es más, intenté adjudicar cierta coherencia, al conjugar el folklore con la vida en el campo. Hubiese sido raro si se dedicase a cantar folklore y estuviese en mirando por la ventana del Palacio Salvo. En fin... De todas maneras, el uso del pronombre posesivo "mi" para referirse al campo, me rechinó un poquito y me dejó una reminiscencia de ostentación innecesaria que pronto opaqué con un pensamiento represor.
Mientras me contaba que al día siguiente tenía que viajar a Montevideo, me puse a husmear en sus álbumes de fotos. Una curiosidad normal en cualquier usuario de una red social, supongo. Mientras miraba, pensaba que no todos los folkloristas de menos de treinta tienen por qué parecerse a Abel Pintos, adonis del folklore new age, cantando "Cactus" de Ceratti en las tierras enrojecidas del norte argentino al atardecer... ¡Pero qué lástima que no se parecía a Abel Pintos!
Hasta que llegó ese momento... ese pequeño instante que puede hacer la diferencia entre "quiero conocer a este pibe" y "ché, ¿qué estarán dando en el Discovery Channel?". El tipo me comentó que tenía que venir a Montevideo porque lo había invitado "Carballo" a la televisión. CTRL + B... Carballo, Carballo... '¿Luis Alberto?' -le dije. Luis Alberto Carballo... Charóná en mi disco duro, el que se ponía una peluca y tenía un programa infantil en el Canal 5 cuando yo iba a la escuela, y al que iba a ver todas las tardes porque mi mamá me dejaba ir al Canal 5 sola o con alguna amiga o incluso, con mi hermano, porque el canal queda en la misma manzana de mi casa... Sí, lo reconozco... ahora tiene un programa de chimentos en Canal 4 donde parece un mal imitador de Jorge Rial, no solamente por el formato del programa y el contenido, sino por los cuidados movimientos de manos que me llamaron la atención la vez que lo vi porque no fui a laburar.
Me preguntó si me daba cuenta de quién era Carballo... Le dije que sí; obviamente no mencioné a Charoná... creo que ni el propio Carballo recuerda haber sido una vez el héroe de la revista para niños sabelotodos... incluso mi madre me miró con cierta incredulidad una vez que comenté que ese tipo era Charoná... En fin... El pibe iba al programa de Carballo... '¿Vas a cantar?'- le pregunté casi por compromiso-. Me contestó que no, que lo habían invitado porque había sido pareja de Mónica...
CTRL + B... ¿Mónica? ¿Mónica? ¿Qué Mónica? Evidentemente, el pelo así como lo tengo me delata: ¡¡¡Me están faltando horas peluquería!!! Tengo que dejar de leer a Gombrich y ponerme a leer la revista Caras... ¡No me doy cuenta quién carajo es Mónica! Me vi obligada a preguntarle quién era Mónica... y, para mi sorpresa, me respondió: "Farro", y fue como sacarle el tapón a una pileta llena de agua... empezó a contar que habían sido pareja, que había ido a Buenos Aires con ella y bla bla bla... bla bla bla... bla bla bla...
Entonces intercambiamos celulares, aunque yo ya estaba pensando que ese pibe, que podía ser, perfectamente, el hijo de Mónica Farro, tal vez no era una buena compañía para un miércoles a la tardecita... De todas maneras, remató con lo que da para una nueva entrada en el blog: el comentario que, más que un halago, parece una declaración vil de chauvinismo vengativo... "¡Cómo me gustan las porteñas!"
Nunca llamó. Debe ser porque a este sí le dije que no quería ir a la rambla en junio a hacer muñecos de escarcha...