miércoles, 18 de julio de 2012

¡ELVIS, EL MUNDO ESTÁ LLENO DE IDIOTAS...!

Cuando el Coronel Tom Parker intenta convencer a un Elvis Presley devaluado y deprimido, de volver a los escenarios dentro de un traje de luces en Las Vegas, alude a una frase que es, tal vez, en magnitud, equiparable a la famosa "Alea iacta est" proferida por Julio César: "Elvis, el mundo está lleno de idiotas... ¡engañemos a los idiotas!". ¡Elvis, querido... El Coronel Parker sabía lo que decía!

Unas noches atrás, deambulaba en facebook cuando me sorprendió una ventana de diálogo con un "hola" bien escrito de un "amigo" que no tenía registrado en mi acervo facebookero -aunque ya confesé que agrego personas indiscriminadamente porque después de los dos mil amigos, ya no puedo seguir ningún criterio de amistad. El chico se hacía llamar por un apodo que, viendo sus fotos de perfil, le cabía bien, ya que parecía dedicarse al canto folklórico. De todas maneras, un apodo que lleva una letra eñe en medio, es siempre sospechoso.

Entablamos una conversación en la que, tras unas dos o tres líneas dedicadas al nunca bien ponderado tema del clima (que ayuda a romper cualquier tipo de hielo), me comentó que estaba en "su" campo, en San Bautista. Hasta ese momento, nada me pareció anormal... es más, intenté adjudicar cierta coherencia, al conjugar el folklore con la vida en el campo. Hubiese sido raro si se dedicase a cantar folklore y estuviese en mirando por la ventana del Palacio Salvo. En fin... De todas maneras, el uso del pronombre posesivo "mi" para referirse al campo, me rechinó un poquito y me dejó una reminiscencia de ostentación innecesaria que pronto opaqué con un pensamiento represor.

Mientras me contaba que al día siguiente tenía que viajar a Montevideo, me puse a husmear en sus álbumes de fotos. Una curiosidad normal en cualquier usuario de una red social, supongo. Mientras miraba, pensaba que no todos los folkloristas de menos de treinta tienen por qué parecerse a Abel Pintos, adonis del folklore new age, cantando "Cactus" de Ceratti en  las tierras enrojecidas del norte argentino al atardecer... ¡Pero qué lástima que no se parecía a Abel Pintos!

Hasta que llegó ese momento... ese pequeño instante que puede hacer la diferencia entre "quiero conocer a este pibe" y "ché, ¿qué estarán dando en el Discovery Channel?". El tipo me comentó que tenía que venir a Montevideo porque lo había invitado "Carballo" a la televisión. CTRL + B... Carballo, Carballo... '¿Luis Alberto?' -le dije. Luis Alberto Carballo... Charóná en mi disco duro, el que se ponía una peluca y tenía un programa infantil en el Canal 5 cuando yo iba a la escuela, y al que iba a ver todas las tardes porque mi mamá me dejaba ir al Canal 5 sola o con alguna amiga o incluso, con mi hermano, porque el canal queda en la misma manzana de mi casa... Sí, lo reconozco... ahora tiene un programa de chimentos en Canal 4 donde parece un mal imitador de Jorge Rial, no solamente por el formato del programa y el contenido, sino por los cuidados movimientos de manos que me llamaron la atención la vez que lo vi porque no fui a laburar.

Me preguntó si me daba cuenta de quién era Carballo... Le dije que sí; obviamente no mencioné a Charoná... creo que ni el propio Carballo recuerda haber sido una vez el héroe de la revista para niños sabelotodos... incluso mi madre me miró con cierta incredulidad una vez que comenté que ese tipo era Charoná... En fin... El pibe iba al programa de Carballo... '¿Vas a cantar?'- le pregunté casi por compromiso-. Me contestó que no, que lo habían invitado porque había sido pareja de Mónica...

CTRL + B... ¿Mónica? ¿Mónica? ¿Qué Mónica? Evidentemente, el pelo así como lo tengo me delata: ¡¡¡Me están faltando horas peluquería!!! Tengo que dejar de leer a Gombrich y ponerme a leer la revista Caras... ¡No me doy cuenta quién carajo es Mónica! Me vi obligada a preguntarle quién era Mónica... y, para mi sorpresa, me respondió: "Farro", y fue como sacarle el tapón a una pileta llena de agua... empezó a contar que habían sido pareja, que había ido a Buenos Aires con ella y bla bla bla... bla bla bla... bla bla bla...

Entonces intercambiamos celulares, aunque yo ya estaba pensando que ese pibe, que podía ser, perfectamente, el hijo de Mónica Farro, tal vez no era una buena compañía para un miércoles a la tardecita... De todas maneras, remató con lo que da para una nueva entrada en el blog: el comentario que, más que un halago, parece una declaración vil de chauvinismo vengativo... "¡Cómo me gustan las porteñas!"

Nunca llamó. Debe ser porque a este sí le dije que no quería ir a la rambla en junio a hacer muñecos de escarcha... 


domingo, 8 de julio de 2012

PONGO UN CIRCO Y ME CRECEN LOS ENANOS I


Quien, como yo, anda pisando la línea de los treinta, sabe que las opciones para conseguir pareja se debaten entre "muy pocas", "por lo menos, trabaja" y "es lo que hay". Debemos admitirlo con dignidad: los solteros de más de treinta son terriblemente sospechosos. Cuando una conoce un soltero inscripto en esta franja de edad, lo primero que piensa (después de pedirle a las divinidades: "¡Que no sea gay, que no sea gay!") es: "Algún defecto tiene que tener".  Esta historia (absolutamente verídica) tiene que ver con eso. 


Hace algunas semanas y, tras largas insistencias por facebook, acepté a salir con un chico. Treinta y dos años, sin pareja y me invita al cine. "Estamos de parabienes", pensé. No me arreglé mucho, no suelo pintarme como una puerta ni vestirme como una prostituta de El Jagüel para conocer a alguien. Es más, tampoco me arreglo tras varias citas... ni me visto como prostituta ni uso lencería con transparencias... ni nada que se le parezca, a menos que realmente, pero REALMENTE... digo R E A L M E N T E sea NECESARIO... es más, no ha sido necesario en estos 29 años.


En fin, ya desestimado aquel sueño bucólico de que me pasara a buscar por mi casa, definió como punto de encuentro la montevideanísima esquina de 18 y Ejido. Ya empezamos mal. En esa esquina funcionaba el local de La Pasiva -que cerró hace unos meses y dicen los montevideanos, que van a abrir un megalocal de Burger King- y, en diagonal se encuentra un local de Mc Donald's. El hombre de mis sueños JAMÁS me diría que me espera en la puerta de Mc Donald's, sobre todo, porque el hombre de mis sueños sabría que tengo ciertos reparos antiimperialistas aún con la comida, perdón, sobre todo con la comida. Pero bueno, La Pasiva cerró... Mc Donald's está ahí... puedo concederle, porque aún no me conoce, que tenga este desliz...


Llego, impuntualmente, como corresponde porque, como dice un buen amigo, el tiempo es una superstición burguesa, y lo saludo. Lo reconocí enseguida, porque nunca había visto a nadie que se pareciera tanto a su foto de facebook como este pibe. Cruzamos al cine que está sobre la calle Ejido y del cual salía una fila de una veintena de individuos entre los cuales se advertían sospechosamente una abuela con su nieta de unos nueve años -y juro que pensé: "No me traes a ver Madagascar 3D"-. En fin, entramos, y le digo: "Hay que sacar las entradas". "No sé", me responde, "las saqué hoy temprano con los ABIS". CTRL, ALT, SUPR ¿Con los qué? En mi cabeza nunca jamás pude hacer coincidir los ABIS (o puntos de Abitab) con las entradas de cine y se me venían flashes del cartel que hay en mi Abitab que debe tener la programación de los hermanos Lumière. "Bueno", pensé... "el tipo es otro de esos rascas que ahorra en nimiedades como la entrada al cine... otro de esos que, cuando la seguridad social apremie, va a mirarme mientras cazo palomas en la plaza de los bomberos para comer". De todas formas, me pareció que era un amateur del cine con abis porque no sabía si tenía que canjear la entrada en la boletería o podía entrar con los papelitos que le habían dado. Entonces, más me decepcionaba, porque estaba 'estrenando' conmigo una promoción que desconocía... No sabía qué era peor y pensé varias veces, mientras salíamos del cine para hacer la fila y nos colocábamos detrás de la abuela con la nena, en parar un taxi salvador y largarme lo más lejos de ahí, hasta la seguridad de mi casa, donde seguramente podía ver cualquier película que estuvieran estrenando en mi computadora abrazada al gato -también cinéfilo como yo-. 


Pero, cual ley de Murphy empecinada en no quebrarse, sucedió algo peor: las dos únicas películas en 3D que estaban en cartel en ese cine eran la temida Madagascar 3 y la desestimable PROMETEO (película de Ridley Scott que amenazaba con ser la precuela de las mil y una ALIEN). Obviamente, prefería extraterrestres antes que animales. Para ninguna de las dos funciones había entradas. Sonriente se me acercó y me dijo que teníamos que esperar a la función siguiente, que traducida a minutos era algo así como 130 y a mí me pareció que esa era la medida de la eternidad, que si la elevaba al cuadrado y la multiplicaba por PI me iba a dar el área del universo. Entonces, sobrevino lo peor: "Esperamos sentados en la Intendencia", me dijo. Yo no daba crédito. ¿En la explanada de la Intendencia? ¿Con diez grados bajo cero de sensación térmica y unos cinco de temperatura real? ¡Este está completamente loco! "No", le dije, "¿por qué no vamos a tomar algo?". "Porque no tengo plata, me la gasté en las entradas al cine", me respondió. "Guát da fak?", pensé; y, con mi mejor cara, le dije que YO LO INVITABA  A TOMAR UNA CERVEZA A EL SUBTE, pizzería que queda a menos de 50 metros del cine. Mientras caminábamos, yo pensaba en mi sillón, en la televisión, en el cable, en la computadora y en los insustituibles momentos de amor verdadero que me proporcionaba Hendrix, mi gato, y que me estaba perdiendo por seguirle los delirios a este papanatas, que no solamente lo era en la teoría, sino que hacía una praxis acérrima de su papanatez. 


Ya que estaba ahí, brindándole mi preciado tiempo, le puse un poco de atención a lo que decía, a ver si lograba encontrar, por lo menos, algo que justificara mi espera hasta la función de la medianoche. NADA. Un vacío irreparable me envolvía. Cada vez peor, su tono de voz, sus gestos, sus lentes, su forma de comer, y lo peor, lo que me estaba contando, me aturdían inexorablemente. Y, para colmo de males, como decía un ex, no solamente es eso, es que me estoy incendiando si me ven con vos. 


No tomaba alcohol, a ver, cerveza, que, como dice otra amiga, se alquila en el cuerpo. No sabía de cine, no le interesaba el teatro, no había leído un libro entero, no tenía idea de quién era Shakespeare, de poesía ni hablamos... No sabía lo que era un liso... En ese momento comprendí que nunca había ido a La Pasiva y que, evidentemente, me había citado en la puerta de Mc Donald's con premeditación y alevosía.


Volvimos al cine, a la magia del 3D y los lentes que hay que devolver a la salida. A la media hora de avances y publicidad, al olorcito a pop recalentado y a maní con chocolate vencido. "Por lo menos", me dije, "va a estar callado dos horas". La película era un embole... peor que eso, el embole era 3D y se salía de la pantalla en un efecto óptico para abrazarnos a todos... "Por suerte", pensé, "en esta no me tengo que fumar a Sigourney Weaver... pero sí a una mina que se autopera la panza porque está embarazada de un alienígena... ¡grande Ridley Scott, seguimos robando con la misma idea durante cien años!". 


No quise volver a salir con el tipo cuando dos días después me dijo de ir a tomar mate a la rambla (comienzos del invierno, festival de pingüinos y oleaje criminal). Para tomar mate en la rambla en junio, lo mejor es ir con el acolchado... No me animé a decirle eso, pero lo pensé.